
Si vas a abrazarte al mar, debes rendirte azul. Si deseas fundirte con la lluvia, habitarás el agua. Si aspiras a ser beso, cerrarás los ojos, y serás primero labios. Si crees en los sueños, irás a por ellos. Si el amor en otra piel, lo sueñas auténtico y lo besas como el labio, lo nutres como el agua, lo amas, con la libertad del ancho mar, azul inmensidad, podrás tenerlo. Pero si solamente construyes una torre con naipes y el suelo que la alza, es de barro…
Si acaso estás besando, al amor verdadero con los labios, que pronuncian mentiras o pretendes tocarlo con los dedos que cuentas fracasos…
Si llevas un disfraz, que trata de ocultar tu estampa de hombre triste y ni siquiera tú, te amas…
Piensa, un ángel está mirando. Caerá el frío Diciembre sobre ti y sus primeras ventiscas, harán volar tus naipes. Su nieve caerá, reinando sobre el barro. Se vestirá su invierno de largo y te dejará sin máscaras, desnudo tu disfraz a la intemperie. Tu piel retomará la sed de los caminos. Querrás huir de todo y nada, será tu andanza el cansancio, Tu corazón de naipes, la senda que trazaste con las mismas manos de haber abrazado el mar, siendo el cartón mojado de una torre de naipes.
Fue lo que sucedió cuando llegó aquel Diciembre. Cuando tú, hombre de naipes, desapareciste y yo lloré tanto y tanto que, al fin, pude diluirme y ahora soy mujer de lluvia.



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