¿Lo ves? Vuelve a llegar el otoño y mi vozdestila las notas de tu silencio y la Tierra vuelve a estar húmeda y preparada para recibir las hojas secas y los caminos de la nostalgia. Yo camino por ellos, buscando brújulas que me lleven hacia un tiempo donde no tenga que sentir que te pienso a cada momento. Y mirarme las manos vacías y mirarme la frente y verlo aún allí prendido, aquel Sol que tú me enseñaste cómo ponerme por dentro. Pero a ti ya no encontrarte, porque cada vez que me he acercado tú te has ido yendo más lejos.
Vuelvo a estar sin ropa y sin paz en el alma. Vuelvo a tener la misma edad que el mundo, que de tanto rodar y volar por él también llevo como tú tristes las alas.
Y un día caminaba por la arena de aquella playa y te vi mirando absorto hacia el sol. Y tú, tal vez no lo recuerdas, pero me dijiste:
«A él le gusta que lo miren, que goce el hombre de ponerlo dentro mismo de su cuerpo y yo lo he hecho y quiero que tú también lo hagas, niña mía. Porque sé que el Sol se debe llevar por dentro, dentro de nuestra sangre y así la sangre sea el fuego que nos rebose en los poemas que aún tendremos que escribirnos cuando no estemos cerca el uno del otro. Y si tú sientes que el Sol se encuentra tan a gusto dentro de ti, amor, no permitas nunca que se vaya. Porque hay muchos hombres que lo pierden y mueren un poco sin darse cuenta. Tú llévalo siempre en el corazón y tras tu frente y así cuando yo esté perdido y no me encuentre, podré volver a encontrarte y a encontrarme. Yo también me lo dejaré dentro del corazón y tras la frente para que cuando seas tú la que esté perdida y tengas algún temor sepas que mi Sol estará siempre esperándote para fundirse con la luz del tuyo».
Aquel día, antes de que llegasen los días en que nos silenciáramos durante tantísimo tiempo, el hombre del Sol me había besado apasionadamente en los labios y yo ya nunca pude olvidarme de aquel beso, ni del placer infinito de nuestros Soles desnudos amándose.
Y he escrito mucho, lo juro que he escrito mucho desde entonces... Y ahora que llega de nuevo el otoño, siento que se me ha quedado dormido por dentro el Sol y la esperanza. Y ya no estoy bastante segura de que me quede suficiente fuego en la sangre, como para seguir dejándome el corazón en las palabras, mientras sigo perdida, buscándole por el mundo...
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